
Llega el frío, los atardeceres tempranos, ir a trabajar abrigada y volver deseando refugiarme en un lugar cálido.. mi casa, mi habitación, en donde puedo sumergirme en mi mundo. O tal vez no, tal vez me apetezca salir a la calle, caminar rodeada de personas que van y vienen, unos metidos de lleno en animadas conversaciones, otros abrigados por sus propios pensamientos.
La historia se repite. Vuelvo a ser la amiga, la compañera, la hermana.. pienso mientras mis pasos me llevan a una tienda, o a esa librería que tanto me gusta llena de vidas, viajes, amores.. escondidos en las múltiples estanterías. Otra media naranja que ya ha encontrado su mitad, otro regalo del cielo que no es para mí. Debería estar acostumbrada.
Me prometí no enamorarme, y supongo que lo estoy cumpliendo. Me lo prometí por mí, para no hacerme daño, ya tengo experiencia en eso; y por ella.. Mis respetos a esa mujer que un día te dio la mano y dejó de caminar sola.. la admiro de verdad, porque te merece.
Pero déjame un momento de libertad para airear el alma. Déjame decirte, ahora que a nadie puedo molestar, que no sé cómo lo haces pero llegas siempre en el momento oportuno, cuando me agobio, cuando me siento sola.. levanto la mirada y estás tú. Una sonrisa y un guiño, y todo se transforma. Como escribí en su día, tú has sido mi apoyo desde el primer momento, aunque no te hayas dado cuenta.. Gracias.