Si se callase el ruidooirías la lluvia caer..limpiando la ciudad de espectros,te oiría hablar en sueñosy abriría las ventanas.("Si se callase el ruido", Ismael Serrano)Sonaba esta canción en la radio cuando me he despertado, y he comenzado el día tarareándola. Una canción perfecta para un día lluvioso. No sabes dónde ni cuándo pueden volver los recuerdos, como dice la escritora india Arundhati Roy, son mariposas que posan sus patitas heladas en el alma.. después las van levantando, lentamente, una a una.. y se van como vinieron.. volando. Aunque te dejan una sensación extraña durante un tiempo.
Mariposas que vienen atraídas por una simple canción.. o a veces por unas palabras inocentes, que, en una conversación tonta en las butacas de un cine a la espera de que se apague la luz, formulan una pregunta. La pregunta.
¿Qué pasó?... y espera que conteste en un par de frases, no más, porque la película está a punto de comenzar y la conversación no puede durar mucho. Dudo unos instantes si decirle que "luego te cuento".. pero contesto, tratando de resumir, de una forma superficial, vana, infantil... y la dueña de la pregunta se da por satisfecha. Sonríe y murmura un cómplice "Ah ya...". Y comienza la película. No puedo evitar repetirme la pregunta, esta vez para mí...
¿qué pasó?. Y sorprendentemente me respondo tranquila, sincera, a pesar del halo de melancolía que por unos segundos me ha envuelto. Mi cinéfila compañera jamás lo entendería.
Nada. Ese es el problema.. que nunca pasa
nada. Y la mariposa helada se va.. no le gustan las respuestas claras.
Pero el frío que deja no se va tan rápido... es curioso porque, paradojas de la vida, he necesitado que llegara este día lluvioso, y que me pillara una buena granizada para entrar en calor. Me ha hecho falta escuchar la lluvia sobre mi paraguas, el viento helado en la cara.. y ha merecido la pena. Sólo por cruzarme con una mirada cálida, sonriente, siempre a la misma hora, siempre por el mismo sitio, siempre las mismas palabras. Sólo dos palabras para cambiarme la cara. Puede que, después de todo, mi corazón no sea tan distinto del de aquella niña que conociste.
Si me lo hubieran contado.. no me lo habría creído.