
Veladas al lado del fuego, abriendo el alma a los amigos. Silencio, miradas y música de fondo. Olor a chocolate, a café. El frío en la nariz de una noche de invierno. El calor aún tímido del nacimiento de un nuevo día de verano. Mariposas que vuelan ligeras, que surgen como de la nada y adornan las calles, como confeti caído de algún lugar del cielo. Celebran la fiesta de la vida. Párate, siéntelas. No siempre las vemos.
Hay días en los que despierto, días en los que algo me recuerda que tal vez no esté aprovechando del todo ese regalo que me fue concedido sin merecerlo. Somos casualidad. Seres envueltos en magia, dotados de algo que nuestra inteligencia no alcanza a comprender, algo que nos hace únicos, inmensos, eternos. Somos simples, nos pierde una sonrisa; y también fuertes, caemos y nos volvemos a poner en pie.. tantas veces..
Vemos lo que somos. Somos lo que amamos. El mar. La brisa. Los críos. Los helados. Un buen libro. Las aves que vuelven cada año, y nos encuentran en el mismo lugar, mirando al cielo... no perdemos la esperanza. La nieve. El roce de una mano, el brillo en las pupilas que anuncia el comienzo, el inicio de algo grande, tan viejo como el mundo y a la vez tan nuevo. La vida que se reinventa cada día. El universo que explota... y en nosotros que tenemos el inmenso privilegio de abrir los ojos cada amanecer para sentirlo, para verlo... algo explota también por dentro...