
De la profundidad del cosmos, de su negrura, brotan las imágenes de la vida, los colores, pero en el confín de nuestro abismo interior vive la luz que los procura.
Hoy lo veo todo rosa... hoy, ayer, antes de ayer.. llevo así unos días, y lo peor es que no me preocupa, es más, me encanta. Si temes contagiarte no sigas leyendo, porque he comprobado que esto se expande, se disemina de una forma incontrolada, sin que llegues a darte cuenta ya has caído.
Me pasa a menudo, tengo un corazón muy sensible para estas cosas y se ve que en estos días estaba baja de defensas. Los síntomas los conozco bien.. estoy acostubrada, aunque siempre hay algún factor que cambia. Taquicardia, risa tonta, regresión al período adolescente, imaginación desbordada, aumento de los niveles de sensibilidad, energía positiva acumulada... Las canciones bonitas son más bonitas, las películas se entienden desde otro punto de vista, los comentarios inoportunos afectan menos.. y el cielo brilla más.
Habitualmente después viene el periodo de bajón, de dudas, de miedos... y luego se me pasa todo, me curo y vuelvo al periodo de pseudoanestesia afectiva.. que me dura algo más de milésimas de segundos. Porque me cuesta poco volver a comenzar el ciclo. Esta es una de las veces en que me voy a saltar ese periodo de incertidumbre, dudas y miedos.. es lo que ocurre cuando una se enamora (bueno, sé que no estoy usando la palabra correcta..) de un ideal, que no sufres. Es como un mecanismo de defensa.. un recurso de románticos y soñadores. Así te desenamoras cuando quieres, y no a la fuerza.
En realidad se podría decir que, salvo en contadas ocasiones, este es mi estado natural.. pero tengo épocas en que se me acentúa. Y por supuesto siempre hay algún culpable de que a mi corazón vuelva el verano... y si no lo hay yo me lo busco, porque no hay forma más bonita de ver la vida que así, en rosa. La felicidad es cuestión de actitudes.