Calles llenas de personas que salen de sus trabajos, gente que camina sin rumbo tal vez para airear sus dudas, despejar sus sombras... otros aprovechan para comenzar a disfrutar de esa libertad que promete el fin de semana, las cafeterías son puntos de encuentro que van cobrando vida a medida que oscurece, las tiendas apuran las últimas horas para vender pequeñas dosis de felicidad en forma de ropa, música, quizás un libro... Es el corazón de la ciudad que late, lleno de vida, un viernes por la tarde.
Yo iba en busca de un regalo.. aunque quizás era una excusa para hacer algo que me encanta y que llevaba tiempo sin poder hacer, caminar sola por las calles de la ciudad.. entre el ruido de la gente, los coches, la música, las tiendas, los bares, las señoras con sus nietos, los trajeados deseando deshacerse de sus corbatas, las parejas de la mano, los amigos pensando el plan para esa noche, los solitarios, los intelectuales, los que viven la vida al día con su mochila a cuestas... Todos haciendo que la ciudad respire.
Cuando uno sale a caminar solo, corre el riesgo de acabar poco a poco recorriendo caminos que no estaban previstos... tienes la oportunidad de pensar, de encontrarte contigo mismo, y a cada paso que das vas abriendo puertas quizás un tanto oxidadas, que te llevan por sendas desconocidas. El mapa del corazón es complejo, un laberinto inacabado, en contínua transformación.
Son caminos que, en el día a día, uno esquiva.. pero están ahí, y a pesar de la maleza no se han borrado. En mi paseo de este viernes de otoño, acabé adentrándome en algunos de ellos. Ví que no eran tan rectos y luminosos como pensaba; recuerdos encapuchados esperaban, al acecho, al doblar algunas esquinas. Calles silenciosas que llevan a lo más profundo del alma.. Cogí el metro y volví a casa antes de terminar de recorrerlas, me daba miedo que se hiciera completamente de noche y yo siguiera en ellas...
Porque los caminos más difíciles son los que llevan al interior de uno mismo, y en ese viaje no puede acompañarte nadie.
Hay una calle que lleva tu nombre
en la ciudad del viento
después de tanto tiempo
me harté de esperarte
y se cayó el letrero...
(Quique González. "En la ciudad del viento")